jueves, 5 de diciembre de 2013

El regreso de los microbios

El regreso de los microbios: por qué se han vuelto resistentes
TODO parece indicar que los virus, las bacterias, los protozoos y los hongos, así como otros microorganismos, han existido desde que comenzó la vida en la Tierra. Aunque constituyen las formas de vida más simples que habitan nuestro planeta, su increíble adaptabilidad les permite sobrevivir donde ningún otro ser puede hacerlo. Por ejemplo, se encuentran tanto en las abrasadoras fuentes termales de los lechos marinos como en las gélidas aguas del océano Ártico. En la actualidad, estos microbios repelen con éxito el ataque más intenso de su historia: el de los fármacos antimicrobianos.
Hace cien años se sabía que algunos microorganismos, o microbios, causaban determinadas enfermedades, pero nadie había oído hablar de medicinas capaces de combatirlos. Cuando alguien contraía una grave infección, los médicos poco podían hacer salvo brindarle apoyo moral. El sistema inmunológico del enfermo tenía que vencer la infección por sí mismo. Si sus defensas no estaban fuertes, las consecuencias eran a menudo trágicas. La gente moría incluso por un pequeño rasguño infectado.
Es lógico, pues, que el descubrimiento de los primeros medicamentos antimicrobianos seguros —los antibióticos— revolucionara el mundo de la medicina.* El empleo terapéutico de las sulfamidas en la década de 1930 y de sustancias como la penicilina y la estreptomicina en los años cuarenta dio paso a un aluvión de descubrimientos en las décadas subsiguientes. Para los años noventa, el arsenal de antibióticos incluía unos ciento cincuenta compuestos, agrupados en quince familias.
Expectativas frustradas
En las décadas de 1950 y 1960 hubo quienes comenzaron a celebrar la victoria sobre las infecciones. Algunos microbiólogos incluso creyeron que dichas dolencias pronto serían un mero y triste recuerdo. En 1969, el director general de Salud Pública de Estados Unidos declaró ante el Congreso que en breve la humanidad podría “olvidarse para siempre de las enfermedades infecciosas”. En 1972, el premio Nobel Macfarlane Burnet, en colaboración con David White, escribió: “El pronóstico más probable sobre el futuro de las enfermedades infecciosas es que lo van a tener muy negro”. En efecto, algunos pensaron que tales afecciones podrían eliminarse de una vez por todas.
Al creer que las infecciones habían sido derrotadas, se generalizó un exceso de confianza. Una enfermera familiarizada con la grave amenaza que constituían los microbios antes de la aparición de los antibióticos observó que algunas colegas jóvenes habían descuidado las normas básicas de higiene. Cuando les recordó que se lavaran las manos, le contestaron: “No se preocupe, ahora tenemos antibióticos”.
Sin embargo, la dependencia y el abuso de los antibióticos han tenido consecuencias desastrosas. Las enfermedades infecciosas han persistido y, peor aún, se han convertido en la principal causa de muerte del mundo. Otros factores que han contribuido a la propagación de tales afecciones son el caos de la guerra, el aumento de la desnutrición en los países en desarrollo, la falta de agua limpia, las malas condiciones higiénicas, los rápidos medios de transporte internacional y el cambio climático mundial.
Bacterias resistentes
Baterías Resistentes
La increíble resistencia de los microbios comunes se ha convertido en un grave problema, algo que poca gente esperaba. Sin embargo, en retrospectiva, deberíahaberse previsto que estos microorganismos terminarían por hacerse inmunes a los medicamentos. ¿Por qué? Veamos, por ejemplo, lo que sucedió con el DDT, insecticida descubierto a mediados de los años cuarenta.* Los lecheros aplaudieron el invento, ya que las moscas desaparecían en cuanto se aplicaba el veneno. Sin embargo, unas cuantas moscas sobrevivieron, y las siguientes generaciones heredaron la inmunidad contra el DDT. En poco tiempo, estos insectos inmunizados se multiplicaron por millares.
Incluso antes de que se utilizara el DDT, y de que la penicilina saliera a la venta en 1944, las bacterias patógenas ya habían dado muestras de su prodigioso arsenal defensivo. El doctor Alexander Fleming, descubridor de la penicilina, conocía el problema. En su laboratorio observó cómo sucesivas generaciones deStaphylococcus aureus —bacteria que medra en los hospitales— desarrollaban una pared celular cada vez más resistente al medicamento que él había descubierto.
Hace ya unos sesenta años, las observaciones del doctor Fleming lo motivaron a dar la advertencia de que las bacterias dañinas de una persona infectada podían hacerse inmunes a la penicilina. De modo que si las dosis de antibiótico no mataban suficientes bacterias, las generaciones sucesivas de tales microbios serían resistentes al medicamento y se multiplicarían. Por consiguiente, la enfermedad resurgiría, pero entonces la penicilina no podría curarla.
El libro The Antibiotic Paradox (La paradoja de los antibióticos) comenta: “Las predicciones de Fleming se cumplieron de un modo mucho más devastador del que jamás imaginó”. ¿Cómo ha podido suceder? Pues bien, en algunas cepas de bacterias, los genes —los planos en miniatura contenidos en el ADN— producen enzimas que anulan la penicilina. Por tal razón, a menudo es inútil incluso la administración prolongada de este medicamento, lo cual ha supuesto, sin duda, un duro golpe.
En un intento por ganar la batalla contra las enfermedades infecciosas, desde 1940 hasta 1970 salieron con regularidad al mercado nuevos antibióticos. También se descubrieron algunos en las décadas de 1980 y 1990. Estos nuevos antibacterianos podían curar infecciones ocasionadas por microbios resistentes a fármacos anteriores. Pero en cuanto pasaban varios años, surgían cepas de bacterias que desafiaban también a estos últimos productos.
Los científicos han descubierto que el sistema de defensa de las bacterias es asombrosamente ingenioso. Por ejemplo, son capaces de modificar su pared celular a fin de impedir que penetre el antibiótico o alterar su funcionamiento para que no logre matarlas. Por otro lado, las bacterias pueden expulsarlo tan pronto entra o sencillamente anular sus efectos descomponiéndolo.
Dado que el uso de antibióticos ha aumentado, las cepas de bacterias resistentes se han multiplicado y propagado. ¿Quiere decir eso que los antibióticos son un completo fracaso? No, al menos en la mayoría de los casos. Si uno de ellos no cura cierta infección, por lo general lo logra otro. La resistencia de los microbios ha constituido un verdadero problema, pero hasta el día de hoy se ha podido controlar.
Resistencia a varios fármacos
El Ebola (Reportes médicos)
Con el tiempo, los científicos descubrieron con horror que las bacterias intercambian genes entre ellas. Al principio se creyó que eso solo sucedía entrebacterias de la misma clase, pero luego se hallaron los mismos genes resistentes en bacterias completamente diferentes. Por medio de tales intercambios, distintos tipos de bacterias se han hecho inmunes a muchos medicamentos de uso común.
Por si fuera poco, estudios realizados en los años noventa revelaron que algunas bacterias pueden desarrollar resistencia por sí mismas. Incluso en presencia de un solo antibiótico, algunas se hacen inmunes a varios fármacos, tanto naturales como sintéticos.
Perspectivas nada halagüeñas
Aunque la mayoría de los antibióticos todavía suelen funcionar, ¿lo harán en el futuro? El libro The Antibiotic Paradox señala: “Ya no podemos esperar que una infección se cure con el primer antibiótico que tomamos”. Y añade: “En algunas partes del mundo, el que haya un número limitado de antibióticos equivale a que no haya ninguno que sea eficaz. [...] La gente sufre y muere a causa de enfermedades que, según las predicciones de hace cincuenta años, iban a ser eliminadas de la faz de la Tierra”.
Las bacterias no son los únicos microbios que se han hecho resistentes a las medicinas. Los virus, al igual que los hongos y otros diminutos parásitos, han demostrado una enorme adaptabilidad, de modo que han surgido cepas que amenazan con frustrar todos nuestros esfuerzos por descubrir y producir fármacos capaces de combatirlos.
Entonces, ¿qué puede hacerse? ¿Es posible eliminar, o al menos contener, la farmacorresistencia de los microbios? ¿Cómo pueden los antibióticos y otros antimicrobianos seguir combatiendo con éxito los gérmenes en un mundo cada vez más acuciado por las enfermedades infecciosas?

Antibióticos su uso indebido causa resistencia de virus
 baterías.
El término antibiótico se utiliza comúnmente para referirse a aquellos fármacos que combaten las bacterias. La palabra antimicrobiano es más general y abarca todos aquellos medicamentos que batallan contra los microbios patógenos, sean estos virus, bacterias, hongos o diminutos parásitos.
Los insecticidas son venenos, pero también lo son los medicamentos. Ambos han resultado ser útiles y a la vez perjudiciales. Aunque los antibióticos matan las bacterias dañinas, también eliminan las beneficiosas.

¿Qué son los fármacos antimicrobianos?
  Los antibióticos que nos receta el médico pertenecen a un grupo de fármacos denominados antimicrobianos, a los que se incluye en la categoría de quimioterapia (tratamiento de las enfermedades con sustancias químicas). Aunque este procedimiento médico suele vincularse con el cáncer, originalmente se usaba —y todavía se usa— con referencia al tratamiento de las enfermedades infecciosas, en cuyo caso recibe el nombre de quimioterapia antimicrobiana.
  Los microorganismos, o microbios, son diminutas formas de vida que solo pueden verse al microscopio, y los antimicrobianos son productos químicos que combaten los microbios causantes de enfermedades. Lamentablemente, estos medicamentos también atacan a los microbios beneficiosos.
  En 1941, Selman Waksman, codescubridor de la estreptomicina, utilizó el términoantibiótico para referirse a sustancias antibacterianas producidas por ciertos microorganismos. Los antibióticos, al igual que otros antimicrobianos empleados con fines terapéuticos, se consideran valiosos debido a su toxicidad selectiva, es decir, su capacidad para envenenar a los microbios sin intoxicar gravemente a las personas.
  Con todo, no hay antibiótico que no entrañe por lo menos cierto grado de toxicidad para el ser humano. El margen entre la eficacia del medicamento y su toxicidad se llama índice terapéutico. Cuanto mayor sea dicho índice, más seguro será el fármaco, y cuanto menor sea, más peligroso. De hecho, se han descubierto miles de sustancias antibióticas, pero la mayoría de ellas no pueden utilizarse con fines medicinales porque son demasiado tóxicas para el hombre o para los animales.
  El primer antibiótico natural para uso interno fue la penicilina, sustancia segregada por un hongo denominado Penicillium notatum. La penicilina se administró por primera vez de forma intravenosa en 1941. Poco después, en 1943, se aisló la estreptomicina, fármaco obtenido a partir de la bacteria Streptomyces griseus, que habita en el suelo. Con el tiempo se descubrieron numerosos antibióticos producidos por microorganismos y se fabricaron muchos más sintéticamente. Pese a ello, las bacterias se han hecho resistentes a gran parte de estos medicamentos, convirtiéndose en una amenaza para la salud mundial.

Tipos de microbios

  Los virus, los gérmenes más diminutos que existen, causan males comunes como el resfriado, la gripe y la faringitis, pero también enfermedades tan terribles como la poliomielitis, el Ebola y el sida.
  Las bacterias son organismos unicelulares tan simples que carecen de núcleo y por lo general solo tienen un cromosoma. En nuestro cuerpo habitan billones de ellas, mayormente en el tracto digestivo. Nos ayudan a digerir los alimentos y constituyen nuestra principal fuente de vitamina K, necesaria para la coagulación sanguínea.
  Se conocen unas cuatro mil seiscientas especies de bacterias, de las cuales solo unas trescientas son patógenas (o causantes de infecciones). Aun así, estos gérmenes son capaces de provocar una larga serie de enfermedades tanto a plantas como a animales y personas. Entre las dolencias que pueden ocasionar al hombre se encuentran la tuberculosis, el cólera, la difteria, el ántrax (carbunco), la caries dental, ciertos tipos de neumonía y algunas enfermedades de transmisión sexual.
  Los protozoos, al igual que las bacterias, son organismos unicelulares, pero pueden tener más de un núcleo. Entre ellos se cuentan las amebas y los tripanosomas, así como los parásitos causantes del paludismo. Un tercio de los protozoos existentes —unos diez mil— son parásitos, aunque solo unos cuantos provocan enfermedades a los seres humanos.
  Los hongos también causan enfermedades. Estos organismos poseen un núcleo y un cuerpo filamentoso muy ramificado. Las infecciones más comunes que ocasionan son la candidiasis (cándida) y la tiña, como por ejemplo la tiña del pie (pie de atleta). Por lo general solo se ven gravemente aquejados de infecciones por hongos quienes cuentan con pocas defensas debido a desnutrición, cáncer, consumo de medicamentos o infecciones virales que inhiben el sistema inmunológico.



miércoles, 4 de diciembre de 2013

¿Qué es la depresión pos parto?

¿Qué es la depresión pos parto?
“¿Qué me pasa? Pero si acabo de tener un bebé sano y precioso. Debería sentirme feliz y orgullosa y, sin embargo, estoy muy deprimida e inquieta, hasta enojada. ¿Seré una mala madre? ¿Por qué estoy tan triste?”
SI USTED ha tenido un hijo recientemente, quizá se haya sentido como la madre mencionada arriba. En ese caso, sepa que no es la única. Se calcula que entre un 70 y un 80% de las mujeres que acaban de dar a luz se ven asaltadas alguna que otra vez por sentimientos parecidos. Ahora bien, ¿qué es la depresión posparto y a qué se debe? ¿Cómo se combate? ¿Cómo pueden ayudar los familiares y otras personas?
Síntomas
La expresión depresión posparto alude a los episodios depresivos que se producen después del alumbramiento. Estos pueden presentarse tras el nacimiento de cualquier hijo —no solo del primero— e incluso después de un aborto espontáneo o de la interrupción voluntaria del embarazo. Según el Consultorio para la Salud de la Mujer, del Departamento de Sanidad y Servicios Humanos de Estados Unidos, la gravedad de los síntomas varía mucho.
Un gran número de mujeres experimentan cierta melancolía, caracterizada por una leve tristeza, ansiedad, irritabilidad, cambios de humor y cansancio. Dicha melancolía se considera normal y desaparece sin medicación unos diez días después de dar a luz.
Sin embargo, según cálculos del Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos, en 1 de cada 10 casos, estos sentimientos se agravan y persisten por más tiempo. A veces hasta se presentan al cabo de varios meses. Este trastorno, en el que la tristeza, la ansiedad o la desesperación son tan intensas que impiden a la madre realizar las tareas diarias, es lo que se conoce como depresión posparto.
Por otro lado, entre 1 y 3 madres de cada 1.000 sufren un tipo de depresión aún más grave llamada psicosis posparto, la cual va acompañada de alucinaciones o delirios en los que la madre se lesiona a sí misma o al bebé. Este trastorno requiere atención médica inmediata.*
Causas
La depresión posparto no obedece a una causa única; al parecer intervienen varios factores físicos y emocionales. Una causa física pudiera ser la disminución brusca del estrógeno y la progesterona —durante las veinticuatro o cuarenta y ocho horas posteriores al parto—, los cuales descienden a niveles inferiores a los que la madre tenía antes de la concepción. Tal alteración hormonal da lugar a un cambio repentino del estado emocional que puede desencadenar la depresión, al igual que la alteración antes del período menstrual produce tensión y cambios de humor. Es posible que el nivel de hormonas segregadas por la tiroides también descienda después del alumbramiento, lo que a veces ocasiona síntomas parecidos a los de la depresión. Por tal razón, los investigadores han definido la depresión posparto como un “trastorno bioquímico y hormonal”.
Es interesante observar que, como señala un boletín médico, la depresión posparto también puede deberse a un desequilibrio alimenticio, posiblemente a la carencia de vitaminas del grupo B.
Otros factores implicados son el agotamiento y la falta de sueño. El doctor Steven I. Altchuler, psiquiatra de la Clínica Mayo (Minnesota, EE.UU.), señala: “Poco después del parto, la falta de energía y la dificultad para dormir a menudo hacen que pequeños problemas parezcan mucho mayores. Algunas mujeres quizá se frustren al descubrir que les cuesta realizar tareas que efectuaban sin dificultad antes del nacimiento de su hijo, cuando no estaban melancólicas y dormían toda la noche”. Además, los factores emocionales, como un embarazo no planeado, un parto prematuro, la pérdida de la libertad, la preocupación por el atractivo físico y la falta de apoyo, también pueden ser desencadenantes de la depresión.
Por otro lado, hay varios mitos sobre la maternidad que a veces hacen que la mujer se sienta deprimida y fracasada. Por ejemplo, hay quien piensa que la mujer sabe por instinto cómo ser una buena madre, que el vínculo afectivo entre ella y su hijo es inmediato, que la criatura será un bebé modelo y nunca se pondrá irritable y que la madre ha de ser perfecta. En la vida real esto no sucede: la mujer tiene que aprender a desempeñar su nuevo rol materno; a menudo lleva tiempo entablar un vínculo afectivo con el niño; algunos bebés dan más trabajo que otros, y no existe la madre perfecta o la supermadre.
Obtiene reconocimiento
Hasta hace poco, la depresión posparto no se tomaba en serio. El doctor Laurence Kruckman señala: “En el pasado, los trastornos emocionales de la mujer se pasaban por alto y se catalogaban de histeria, algo sin importancia. El manual de diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM IV) nunca ha reconocido directamente la existencia de la depresión posparto, y, por consiguiente, los médicos no la conocen ni se dispone de información fidedigna sobre ella. [...] Además, a diferencia de lo que sucedía hace treinta años, las madres suelen salir del hospital en un plazo de veinticuatro horas. La mayoría de las psicosis posparto, melancolías y depresiones surgen de tres a catorce días después del alumbramiento, cuando la mujer está en casa, lejos de los profesionales que conocen los síntomas”.
Además, la doctora Carol E. Watkins, de la asociación estadounidense Northern County Psychiatric Associates (Baltimore, Maryland), observa que si la depresión posparto no se diagnostica ni se trata a tiempo, puede terminar en una prolongada depresión que dificulte el establecimiento de lazos afectivos con el niño. Las madres deprimidas a veces adoptan una actitud indiferente, de modo que hacen caso omiso de las necesidades de su hijo o, por el contrario, pierden el control y emplean el castigo físico para disciplinarlo, lo cual puede afectar el desarrollo cognitivo y emocional del pequeño.
Por ejemplo, un artículo de la revista American Family Physician indica que los hijos pequeños de madres deprimidas obtienen peores resultados en los tests cognitivos que los que tienen madres sanas. Además, la depresión posparto también puede tener consecuencias negativas en los demás hijos y el esposo.
Tratamiento
¿Qué debe hacer? ¿Aguantar de cualquier manera hasta que desaparezca el problema? Es un consuelo saber que, según se ha descubierto, la depresión posparto es temporal y tiene tratamiento.* Si los síntomas son leves, es posible que le baste con el descanso adecuado y el apoyo de la familia. Pero si la depresión le impide llevar una vida normal, el Consultorio para la Salud de la Mujer aconseja que busque asistencia médica.
Dependiendo de la gravedad del caso, esta afección suele combatirse con medicamentos antidepresivos,* consultas con especialistas en salud mental, tratamientos hormonales o una combinación de todos ellos. El que la madre mantenga al bebé en contacto con su piel mediante el método “canguro” a veces también ayuda.* Existen además tratamientos alternativos como la acupuntura, las hierbas medicinales o la homeopatía.
Ahora bien, hay algunas cosas que usted puede hacer para vencer la depresión, a saber: tomar alimentos nutritivos, tales como frutas, verduras y cereales integrales; abstenerse de cafeína, alcohol y azúcar; practicar ejercicio con moderación, y tomar una siesta cuando su hijo esté durmiendo. Zoraya, una madre cristiana que pasó días enteros llorando después de dar a luz a una niña sana, dice que lo que le ayudó a salir de la depresión fue empezar a participar lo antes posible en las actividades ministeriales que realiza normalmente como testigo de Jehová (véanse las sugerencias del recuadro adjunto).
¿Cómo pueden ayudar los demás?
Dado que una de las principales causas de la depresión posparto es la falta de descanso, otras personas pueden ayudar realizando tareas de la casa o cuidando del niño. Algunos estudios han revelado que cuando el clan familiar brinda su apoyo e instrucción a la madre, el número de mujeres con esta afección es mucho menor. Con frecuencia es una gran ayuda tan solo escuchar a la nueva madre con empatía y dirigirle unas palabras tranquilizadoras sin criticarla o juzgarla. Recuerde que este trastorno se debe a causas físicas, no es autoinducido. Como indica la organización Postpartum Education for Parents, “pedirle a una mujer [con depresión posparto] que se controle es como decirle a alguien con gripe, diabetes o una dolencia cardíaca que se cure de una vez por todas”.
Como hemos visto, aunque el período posterior al nacimiento de un hijo es una etapa maravillosa para muchas mujeres, a veces resulta estresante. Comprender la depresión posparto nos permitirá brindar a las nuevas madres el apoyo que necesitan.

La depresión posparto no debe confundirse con el trastorno de estrés postraumático que padecen algunas madres después de un parto difícil, aunque ambas afecciones pueden presentarse simultáneamente.

Algunos medicamentos contaminan la leche materna, así que si piensa amamantar a su hijo, consulte con su médico a fin de optar por el más adecuado.


Consejos para combatir la depresión posparto
 1. Desahóguese con alguien, sobre todo con otras madres.
 2. Pida a otras personas que la ayuden con el niño, las tareas de la casa y los recados. Solicítele a su esposo que colabore en la alimentación del bebé durante las noches y en las labores del hogar.
 3. Saque tiempo para usted, al menos quince minutos al día. Lea algo, dese un paseo o un baño relajante.
 4. Aunque solo logre hacer una cosa al día, eso ya es señal de que está progresando. Habrá días en que no pueda hacer nada, pero no se enfade consigo misma cuando le suceda.
 5. Aislarse suele prolongar la depresión. Vístase y salga de casa al menos un rato todos los días. Tomar el aire y cambiar de ambiente le hará mucho bien a usted y a su pequeño.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Enfermedades transmitidas por insectos

Enfermedades transmitidas por insectos: un problema cada vez mayor
AL CAER LA NOCHE en cierto país latinoamericano, una madre arropa con ternura a su hijo pequeño y le desea felices sueños. Pero en la oscuridad, una vinchuca negra y reluciente de casi tres centímetros de largo cae de una grieta del techo sobre la cama. La chinche se desliza por el rostro del niño dormido y, de forma casi imperceptible, perfora con el pico su tersa piel. Mientras se atiborra de sangre, deposita su excremento, cargado de parásitos. Sin despertarse, el niño se rasca la cara y restriega por la herida las heces infectadas.
Como consecuencia de este encuentro, el pequeño contrae el mal de Chagas. Al cabo de una o dos semanas, le sube mucho la fiebre y su cuerpo se inflama. Si sobrevive, los parásitos anidarán en él y le invadirán el corazón, el sistema nervioso y los tejidos internos. Tal vez no presente ningún síntoma durante diez o veinte años, pero en algún momento quizá sufra lesiones en el tracto digestivo, infección cerebral y una insuficiencia cardíaca que le provoque la muerte.
Aunque este relato es ficticio, describe de forma realista cómo puede contraerse el mal de Chagas. En Latinoamérica, millones de personas corren el peligro de recibir el beso letal de la vinchuca.
Compañeros de múltiples patas
“La mayoría de las infecciones febriles graves que contrae el hombre se deben a microbios transmitidos por insectos”, señala la Encyclopædia Britannica. Mucha gente suele utilizar el término insecto para nombrar no solo a los insectos propiamente dichos —seres invertebrados de seis patas, como las moscas, las pulgas, los mosquitos, los piojos y los escarabajos—, sino para referirse a criaturas de ocho patas, tales como las garrapatas y demás ácaros. Los científicos engloban a todos estos animales en una categoría más amplia: los artrópodos, una de las clasificaciones más numerosas del reino animal, que comprende al menos un millón de especies conocidas.
Casi todos los insectos son inofensivos para el ser humano, y algunos son muy beneficiosos. Sin ellos no se polinizarían multitud de flores ni producirían fruto una gran cantidad de plantas y árboles, de los que se alimentan el hombre y otros seres vivos. Algunos insectos ayudan a reciclar los desperdicios. Muchos comen exclusivamente vegetación, mientras que otros son insectívoros.
Claro está, hay insectos que molestan tanto a los animales como a las personas, ya sea por sus dolorosas picaduras o simplemente por su gran número. Algunos también destruyen los cultivos o, lo que es peor, propagan enfermedades y muerte. “Desde el siglo XVII hasta principios del siglo XX enfermaron y murieron más personas [debido a infecciones transmitidas por picaduras] que por todas las demás causas juntas”, señala Duane Gubler, de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, de Estados Unidos.
En la actualidad, aproximadamente 1 persona de cada 6 padece una infección contraída por dicho medio. Además del sufrimiento que infligen, tales enfermedades contagiosas constituyen una pesada carga económica, sobre todo para los países en vías de desarrollo, que son los que menos medios tienen para soportarla. Un solo brote de enfermedad puede resultar muy caro. Por ejemplo, en 1994, un incidente de este tipo ocurrido en el oeste de la India les costó a aquel país y a la economía mundial miles de millones de dólares. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), las naciones más pobres de la Tierra no podrán crecer en sentido económico hasta que dichos problemas de salud se hallen bajo control.
Cómo nos transmiten las enfermedades
Los insectos actúan como vectores, o portadores de microorganismos, principalmente de dos formas. La primera es por transmisión mecánica. Igual que introducimos suciedad en nuestra casa si entramos con los zapatos sucios, “las moscas domésticas a veces llevan en sus patas millones de gérmenes que, en cantidades suficientemente elevadas, ocasionan enfermedades”, indica laEncyclopædia Britannica. Las moscas pueden portar, por ejemplo, partículas contaminantes que se hallan en el excremento y depositarlas en los alimentos y la bebida en los que se posan. De esta forma, los seres humanos contraen enfermedades tan debilitantes y letales como el tifus, la disentería o hasta el cólera. Las moscas también contribuyen a la propagación del tracoma, principal causa de ceguera en el mundo. Esta enfermedad, que aflige a unos quinientos millones de personas, ocasiona la cicatrización de la córnea —capa transparente que cubre el iris—, con la consiguiente pérdida de la visión.
Parece ser que las cucarachas —las cuales medran en la suciedad— también actúan como vectores mecánicos en la transmisión de enfermedades. Además, los especialistas relacionan el considerable aumento de los casos de asma, sobre todo entre los niños, con una alergia a estos insectos. Pongamos por caso a Ashley, una chica de 15 años que ha pasado innumerables noches luchando por respirar por culpa del asma. Cuando la doctora que la atiende se dispone a auscultarle los pulmones, una cucaracha sale de su camisa y echa a correr por la camilla.
Los gérmenes que llevan dentro
Cuando los insectos y los ácaros hospedan en su organismo algún virus, bacteria o parásito, pueden propagar enfermedades por un segundo medio: sus picaduras. Sin embargo, solo un pequeño porcentaje de insectos infectan de esta forma al ser humano. Para ilustrarlo: de las miles de especies de mosquitos que existen, solo las del género Anopheles son portadoras del paludismo, la segunda enfermedad infecciosa de mayor mortandad del mundo (la tuberculosis ocupa el primer lugar).
Con todo, los mosquitos son vectores de muchas otras dolencias. La OMS informa: “De todos los insectos que transmiten enfermedades, los mosquitos representan la mayor amenaza [...] al propagar el paludismo, el dengue y la fiebre amarilla, que juntos son responsables de varios millones de defunciones y de cientos de millones de casos cada año”. Al menos el 40% de la población mundial corre el riesgo de contraer el paludismo, y otro 40% el dengue. En algunos lugares pueden contraerse ambas infecciones.
Desde luego, los mosquitos no son los únicos insectos que portan gérmenes. La mosca tsetsé inocula el protozoo causante de la enfermedad del sueño, que afecta a cientos de miles de personas y obliga a comunidades enteras a abandonar sus fértiles campos. La mosca negra contagia el parásito al que se debe la ceguera de los ríos, que ha privado del sentido de la vista a unos cuatrocientos mil africanos. La mosca de la arena es a veces portadora del protozoo culpable de la leishmaniasis, nombre que agrupa varias afecciones que incapacitan, desfiguran y a menudo matan a quienes las padecen; hoy día, la leishmaniasis afecta a millones de personas de todas las edades. La omnipresente pulga puede ser transmisora de la tenia y de infecciones que provocan encefalitis. También contagia la tularemia o hasta la peste, la cual suele relacionarse con la peste negra que durante la Edad Media acabó, en solo seis años, con un tercio o más de la población europea.
Por otro lado, los piojos y algunos ácaros, como por ejemplo las garrapatas, pueden causar varias clases de tifus, entre otras afecciones. Las garrapatas de las zonas templadas del planeta provocan una dolencia, a veces debilitante, denominada enfermedad de Lyme, que es la infección transmitida por vectores más común de Estados Unidos y Europa. Un estudio realizado en Suecia reveló que los pájaros migratorios llegan a transportar las garrapatas a miles de kilómetros de distancia, llevando a otras regiones las enfermedades que estos organismos portan. “Las garrapatas —dice la Britannica— transmiten al ser humano más enfermedades que cualquier otro artrópodo, con la excepción del mosquito.” De hecho, una sola garrapata puede hospedar hasta tres clases diferentes de gérmenes e inocular los tres a la vez.
Llega cierto alivio
Hasta 1877 no se logró demostrar científicamente que los insectos transmiten infecciones. Desde entonces han tenido lugar grandes campañas para controlar o eliminar los insectos culpables. En 1939 se añadió el insecticida DDT a la lucha contra los insectos portadores de enfermedades, y para 1960, estos dejaron de considerarse una grave amenaza para la salud pública de las naciones fuera de África. Comenzó a darse más importancia al tratamiento médico de los casos urgentes que al control de los vectores, de modo que decayó el interés por estudiar los insectos y su hábitat. Se descubrieron nuevos medicamentos, y dio la impresión de que la ciencia podía hallar un “remedio mágico” para cualquier dolencia. Con la disminución de las enfermedades infecciosas, el mundo pudo tomarse un respiro, pero no por mucho tiempo. El siguiente artículo analizará por qué.

Muchos insectos portan gérmenes en su interior
  La mosca negra es responsable de la ceguera de los ríos
  Los mosquitos transmiten el paludismo, el dengue y la fiebre amarilla
  Los piojos pueden transmitir el tifus
  Las pulgas pueden causar encefalitis y otras dolencias
  La mosca tsetsé transmite la enfermedad del sueño

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